Anthony de Mello- Redescubrir la vida

Conferencia dictada por el padre Anthony de Mello, el 15 de Noviembre de 1986 en la universidad de Fordham, en Nueva York retransmitida por vía satelite a más de 40 universidades en los Estados Unidos, con registro en video cassette.

 

Diez, doce años atrás, hice un descubrimiento que trastrocó y revolucionó mi vida, convirtiéndome en un hombre nuevo.
Descubrí una fórmula que permite ser feliz por el resto de la vida, que permite disfrutar de cada minuto de la vida.

Redescubrí la vida.

Al escuchar esto, alguien podrá asombrarse y preguntarme:
¿Cómo se enteró sólo diez o doce años atrás? ¿No ha leído usted los Evangelios?
¡Por supuesto que leí los Evangelios! ¡Pero no la había visto! La fórmula estaba allí, en los Evangelios, pero yo no la había comprendido.
Más tarde, cuando ya la había descubierto, la hallé en los textos sagrados de las principales religiones y me asombré: la había leído y no la había visto, no la había comprendido.
Ojala la hubiera descubierto cuando era más joven. ¡Qué diferente habría sido todo!
¿Cuánto tiempo me llevará transmitir a otros esa fórmula? ¿Todo un día?
Voy a ser honesto: sólo un par de minutos. No creo que requiera más de dos minutos transmitirla.
Captarla o comprenderla llevaría... ¿veinte años?, ¿quince años?, ¿Diez años?, ¿diez minutos?, ¿un día?, ¿tres días? ¡Quién sabe! Eso depende de cada uno. 

La capacidad de escuchar

Es necesaria una cualidad para captar aquello que yo descubrí de repente diez años atrás y que revolucionó mi vida: la cualidad de escuchar, de comprender, de "ver".

Creo que, si mil personas me oyen y una escucha, si mil me leen y una ve, es un promedio bastante bueno.
¿Es difícil comprender la fórmula?
Es tan sencilla que puede comprenderla un niño de siete años. ¿No es asombroso?
En realidad, cuando pienso en eso hoy, me pregunto: ¿Por qué no la comprendí antes?
No lo sé. No sé por qué no la comprendí antes. Pero así fue.
Puede ser que cualquiera esté en condiciones de comprenderla hoy, aunque sea en parte.
¿Qué se necesita para comprenderla?
Una sola cosa: la capacidad de escuchar. Eso es todo.
¿Eres capaz de escuchar? Si lo eres, podrás comprenderla.
Ahora bien, escuchar no es tan fácil como podría parecer.
La razón es que siempre escuchamos a partir de conceptos establecidos, de posiciones y fórmulas establecidas, de prejuicios...

Escuchar no significa "tragar"; eso es credulidad:
- Él lo dice, yo lo acepto.
No quiero que nadie me tenga fe cuando me escucha o me lee: las enseñanzas de la Iglesia o la Biblia se pueden tomar con fe.
Pero no quiero que me tomen a mí con fe. Deseo que cuestionen todo lo que digo, que reflexionen sobre mis opiniones. Escuchar no significa ser crédulo. Pero tampoco significa atacar.
Lo que voy a plantear es algo tan nuevo que algunos pensarán que estoy loco, que no estoy en mi sano juicio.
Por consiguiente, van a sentirse tentados a atacar.
Si se le dice a un marxista que algo anda mal dentro del marxismo, lo primero que probablemente haga es atacar.
Si se le dice a un capitalista que algo no está bien en el capitalismo, se alza en armas.
Si se le dice a un norteamericano que en los Estados Unidos hay algo que no está bien se enfurece y lo mismo sucede con los indios, si se ataca a la India etcétera
Escuchar no significa creer ciegamente, ni tampoco atacar o simplemente estar de acuerdo.
Me contaron acerca de un superior jesuita que tenía mucho éxito.
Alguien le preguntó:
¿Cómo es que usted tiene tanto éxito como superior?
- Muy sencillo:
- La receta es sencilla: estoy de acuerdo con todos - respondió -.
¡Estaba de acuerdo con todos!
Le objetaron:
-¡No hable tonterías! ¿Cómo puede usted tener éxito como superior estando de acuerdo con todos?
- Es cierto, ¿cómo puedo tener éxito como superior estando de acuerdo con todos? - fue su respuesta.

¿Qué se necesita para comprender la fórmula de la felicidad?
Una sola cosa: la capacidad de escuchar.
De modo que escuchar no significa estar de acuerdo conmigo; puedes discrepar conmigo y entenderlo, ¿no es asombroso?
Escuchar significa estar alerta.
Si estás alerta, estás observando, estás escuchando, con una especie de mente virgen.
No es fácil escuchar con una mente virgen, sin prejuicios, sin fórmulas establecidas.
Alguien me contó la historia de una persona que llevó a la práctica el famoso refrán: "Quien por día una manzana come, al médico a distancia pone." Bien, esta persona tenía un affaire con la esposa de un médico... y comía una manzana por día.
Es decir. ¡Había entendido todo al revés!
Había partido de una fórmula establecida, de una posición mental rígida.
Me contaron también acerca de un sacerdote que estaba tratando de convencer a un feligrés alcohólico de que dejara la bebida.
Para ello llenó un vaso con alcohol puro y tomó una lombriz dejándola caer en el vaso.
La pobre lombriz comenzó a retorcerse y murió. Y el sacerdote le dijo al feligrés:
-¿Comprendiste el mensaje, Juan?
- Sí padre comprendí el mensaje... comprendí el mensaje... ¿Sabe?, si se tiene un bicho en el estómago, hay que tomar alcohol.

¡Ay! ¡Vaya si comprendió el mensaje!
Juan no comprendió el mensaje porque no estaba escuchando.
Conozco otro caso en el que era el sacerdote el que no estaba escuchando.

En efecto, cuentan acerca de un alcohólico que fue a ver al cura párroco, el cual. Como estaba leyendo el diario, no quería que lo molestaran.
- Disculpe, padre.
El padre fastidiado, lo ignoraba.
- Eh, disculpe, padre.
-¿Qué pasa? - preguntó el párroco.
-¿Me podría decir qué produce artritis, padre?
El padre seguía fastidiado:
-¿Qué produce artritis? Beber produce artritis; eso es lo que produce artritis. Salir con mujeres fáciles produce artritis; eso es lo que produce artritis.
Dedicarse al juego produce artritis; eso es lo que produce artritis.
¿Por qué lo preguntas?
- Porque aquí, en el diario, dice que el Santo Padre tiene artritis.
El párroco no había estado escuchando.

Bueno, si estás preparado para oír algo nuevo, sencillo, inesperado, opuesto a casi todo aquello que te han contado hasta ahora, entonces quizás escuches lo que tengo que decir, quizás lo comprendas.
Cuando Jesús enseñaba la Buena Nueva, creo que fue atacado no sólo porque lo que enseñaba era bueno, sino por que era nuevo.
Odiamos todo lo que es nuevo
- No quiero oír nada nuevo: denme las viejas cosas.
Si rechazamos lo nuevo, no estamos dispuestos a escuchar.
Pero si lo aceptamos sin discriminar, tampoco estamos escuchando.
No nos gusta lo nuevo; es demasiado molesto, demasiado liberador.
Si rechazamos lo nuevo, no estamos dispuestos a escuchar.
Pero si lo aceptamos sin discriminar, tampoco estamos escuchando.
Buda lo dijo de una manera muy hermosa: " Monjes y discípulos no deben aceptar mis palabras por respeto, sino que deben analizarlas, de la misma manera que un orfebre trabaja el oro: seccionando, raspando, frotando, fundiendo." Así debe ser también con mis palabras.

La vida está donde menos se la espera.
¿Qué es eso que llamamos "nuestra vida"? 
Echa una mirada al mundo y luego te invitaré a echar una mirada a tu propia vida.
Echa una mirada al mundo: pobreza por doquier.
Leí en el New York Times que los obispos de los Estados Unidos afirman que hay 33 millones de personas en el país que viven por debajo del umbral de pobreza, trazado por el propio gobierno.

Si crees que eso es pobreza, deberías ir a otros países a ver la consunción, la suciedad, la miseria. ¿A eso se puede llamar vida?
Pero hay algo asombroso. Te mostraré que la vida existe aun en esas condiciones.
Alrededor de 12 años atrás me presentaron, en Calcuta, a un hombre que arrastraba un ricksha, un vehículo de tres ruedas de tracción humana...
¡Es terrible! Se trata de un ser humano; no es un caballo el que tira, sino un ser humano.
Estos pobres seres no duran mucho tiempo; viven 10 a 12 años después de que comienzan a tirar del ricksha, pues enferman de tuberculosis.
Pese a su trabajo, Ramchandra - que así se llamaba este hombre- tenía esposa e hijos, e incluso televisión.
En ese entonces había un pequeño grupo de personas dedicadas a una actividad ilegal llamada "exportación de esqueletos", que finalmente fueron apresadas.

¿Sabes qué hacían?

Si una persona era muy pobre, ellos se le acercaban y le compraban el esqueleto por el equivalente de unos 10 dólares. Así fue como le preguntaron a Ramchandra:
-¿Desde cuánto tiempo atrás trabajas en la calle?
- Desde hace diez años... - respondió Ramchandra.
Entonces ellos pensaron: "No va a vivir mucho más..." Y dijeron:
- Muy bien, aquí está tu dinero.
En el momento en que la persona moría, se apoderaban del cuerpo, se lo llevaban y, luego, cuando el cuerpo estaba descompuesto, mediante un proceso que tenían, descarnaban todo el esqueleto.
Ramchandra había vendido el suyo, tanta era su miseria; estaba rodeado de consunción, pobreza, desgracia, incertidumbre. Nunca creerías posible encontrar la felicidad allí, ¿no es cierto?
A este hombre, al que nada parecía molestarlo, que estaba perfectamente bien, al que nada parecía preocuparlo, le pregunté un día:
-¿No estás preocupado?
-¿Por qué?
-¿Sabes?, por tu futuro, por el futuro de los niños... - agregué.
- Bueno, hago lo mejor que puedo, pero el resto está en manos de Dios...
- Pero dije yo- ¿y qué hay de tu enfermedad?; te hace sufrir, ¿no es cierto?
-  Un poco; tenemos que tomar la vida como viene - fue su respuesta.

Jamás lo vi de mal ánimo.
Pues bien, un día, cuando estaba hablándole, me di cuenta de repente de que estaba en presencia de un místico, me di cuenta que estaba en presencia de la vida.
¡Él estaba allí! ¡Estaba vivo! yo estaba muerto...
Era un hombre que era plenamente él mismo, de acuerdo con aquellas bellas palabras de Jesús: "Mirad las aves del cielo, que no siembran ni cosechan...; mirad los lirios del campo, que no hilan ni tejen..." (Lc 12, 24 y 27; Mt 6, 26); ellos no se preocupan ni por un momento del futuro; no como tú.
Ramchandra estaba allí mismo. No sé, hoy seguramente estará muerto.
Mi encuentro con él fue muy breve, en Calcuta; y después seguí hasta donde vivo  ahora, hacia el sur de la India.

¿Qué le sucedió a este hombre? No lo sé. Pero sé que conocí a un místico.
Era una persona extraordinaria; descubrió la vida, la redescubrió.

Esa extraña cosa: la mente humana

Muchas veces pensé qué cosa tan extraordinaria es la mente humana. Ha inventado la computadora, ha desintegrado el átomo, ha hecho posible enviar naves al espacio, pero, ¡no ha solucionado el problema del sufrimiento humano, de la angustia, la soledad, la depresión, el vacío, la desesperación!

En su mayoría, uds. son muy jóvenes pero, honestamente no creo que esten al margen de todos esos sentimientos.
¿Cómo puede ser que no hayamos encontrado la solución para ellos?

Hemos logrado toda clase de adelantos tecnológicos.
¿Ha elevado esto nuestra calidad de vida en una sola pulgada? ¡ No!, ni en una pulgada.
Tenemos más comodidad, más velocidad, más placeres, más entretenimientos, más erudición, mayores adelantos tecnológicos.
Pero, ¿se ha logrado superar en algo la soledad, el vacío, la congoja, la avaricia, el odio, los conflictos? ¿Hay menos lucha menos crueldad?
Yo pienso que estamos peor...
Tenemos a mano la solución del problema de la felicidad. ¿Por qué no la usarnos?
No la queremos. La tragedia es, tal como lo descubrí diez o doce años atrás, que ¡el secreto se ha encontrado!

Tenemos la solución a mano. ¿Por qué no la usamos? No la queremos. Ése es el motivo, ¿lo crees?
¡No la queremos! ¡No la queremos! Imagina que yo le diga a alguien:
- Mira, voy a darle una fórmula que te va a hacer feliz por el resto de tu vida: disfrutarás cada minuto del resto de tu vida...
Imagina que te digo eso a ti... Te lo diré: te daré la fórmula.
¿Sabes lo que probablemente me responderás?: -¡No me la diga! ¡Basta! No quiero oírlo.
La mayoría de la gente no quiere escuchar la fórmula, aunque ni siquiera debe aceptarla por fe... Voy a demostrarte que es así.
Alrededor de seis meses atrás, el verano pasado, estuve en Saint Louis, Missouri, para dar una especie de seminario de fin de semana. Había allí un sacerdote, que se me acercó y me dijo:

- Acepto cada una de las palabras que usted ha dicho durante estos tres días, cada una de las palabras.... ¿y sabe por qué?
No porque haya hecho lo que usted nos alentó a hacer: seccionar, frotar, raspar y analizar. No.
Y explicó:
- Unos tres meses . atrás, asistí a una víctima del SIDA en su lecho de muerte. Y el hombre me contó lo siguiente: "Padre, hace seis meses, el doctor me dijo que yo tenía seis meses de vida, y yo lo creí". ¡Cuánta razón había tenido!, pues el hombre se estaba muriendo.
"¿Sabe algo, padre? Éstos han sido los seis meses más felices de toda mi malgastada vida... ¡los más felices! En realidad, nunca había sido feliz hasta estos seis meses.
He descubierto la felicidad. " Y agregó: "Ni bien el doctor me lo dijo, abandoné la tensión, la presión, la ansiedad, la esperanza y, en lugar de caer en la desesperación, finalmente fui feliz. "

Y el sacerdote concluyó:
-¿Sabe?, muchas veces he reflexionado sobre las palabras de aquel hombre.
Cuando lo escuché a usted este fin de semana, pensé: "Este hombre ha vuelto a vivir.
Usted está diciendo exactamente lo que él dijo..."

 

(El texto completo es muy largo, si te interesa, escríbenos a lasperlasdemar@gmail.com )

 

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